«Ser como antenas, como puentes entre el cielo y la tierra. Esa es la imagen que me viene a la mente: la antena es sensible para captar y percibir las señales. Vosotras sois personas que perciben las señales de Dios y las transmitís a toda la humanidad. Y del mismo modo, sois sensibles a la humanidad y la lleváis a Dios».
Así nos invitó sor Simona Brambilla, Prefecta del Dicasterio para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, a vivir nuestra vida religiosa en Tierra Santa, durante un hermoso encuentro celebrado en Jerusalén el 3 de junio de 2026.
Para nosotras, carmelitas, benedictinas, clarisas, adoratrices o hermanas del Verbo Encarnado, fue también una ocasión bendita para reunirnos fraternalmente y compartir tanto nuestras alegrías como nuestras preocupaciones.
«Es hermoso ver las diferentes lenguas y la multiculturalidad entre vosotras. Es un signo profético: vivir juntas, rezar juntas, caminar juntas».
La hermana Simona estaba acompañada por la hermana Tiziana Merletti, secretaria de ese mismo Dicasterio. Nos habló del funcionamiento de estas oficinas al servicio de la vida consagrada. Fue hermoso ver cuánto se hace hincapié en el aspecto humano. Quienes se dedican a esta tarea no quieren limitarse a trabajar con papeles, sino que saben que, si reciben una carta, detrás hay un sufrimiento, un problema, una pregunta.
También intercambiamos libremente preguntas y respuestas, y se nos animó a continuar nuestro camino de sinodalidad entre los monasterios. En particular, podemos ayudarnos mutuamente en la formación humana. En una tierra dura, la Palabra de Dios no germina. La tierra debe ser trabajada, abierta.
La hermana Simona retomó la palabra: «¡Escucha, hijo!» (prólogo de la Regla de San Benito). La escucha es la esencia de la vida contemplativa. Profundidad y arraigo en Dios. Así nos convertimos en hermanas de vida claustral que son artífices de paz en este país. Al igual que con la COVID, que se infiltraba por todas partes, hay que encontrar la vacuna contra la violencia que respiramos y rechazar en nuestras palabras, nuestras actitudes y nuestros gestos todo lo que no sea amor…
Terminamos este encuentro con el canto de las Vísperas en acción de gracias y una oración unánime.



