Consagración, libertad y misión

2 de febrero: toda la Iglesia recuerda y ora por la vida consagrada. Y nos recuerda que ella “cuenta con nuestra oración y con nuestra ofrenda para llevar la buena noticia del Evangelio a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo”(1) . ¡Hermosa misión! Hermosa y exigente al mismo tiempo:

– porque nos abre a las dimensiones del corazón de Dios, que no excluye ninguno de sus hijos y nos ayuda a ser verdaderas contemplativas: “interceder no nos aparta de la verdadera contemplación, porque la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño” (2).

– porque requiere de nosotras un camino de despojamiento de todas las tiranías del ego que nos hacen replegar sobre nosotras mismas: “aunque obres muchas cosas, si no aprendes a negar tu voluntad y a sujetarte, perdiendo cuidado de ti y de tus cosas, no aprovecharás en la perfección” (3) .

O, como lo expresaba con fuerza nuestra Santa Madre Teresa, “libres quiere Dios a sus esposas, asidas a solo él” (4): libres de la esclavitud del hacer, del poseer y de la apariencia, para aprender a amar con autenticidad, como Jesús. Y es sobre todo en el marco de la esclavitud de la apariencia que se juega hoy un grande desafío cultural que, lo admitamos o no, nos toca también a nosotras. Porque, como sabiamente nos recuerda Teresa, no pueden vivir una verdadera vida contemplativa las “amigas de ser estimadas, y tenidas, y mirar las faltas ajenas, y nunca conocer las suyas, y otras cosas semejantes” (5) .

En un contexto cultural en el que la realidad puede ser radicalmente modificada con filtros de IA, estamos llamadas a vivir con autenticidad y transparencia, sin miedo a mostrarnos débiles e imperfectas, porque “toda la bondad que tenemos es prestada, y Dios la tiene por propia obra; Dios y su obra es Dios” (6) .

Acojamos como dirigidas también a nosotras las palabras de Papa León: “Para difundir la buena fragancia de Dios por todo el mundo, esforzaos, pues, por amaros con sincero afecto, como hermanas, y por llevar en vuestros corazones, en el nascondimiento, a cada hombre y mujer de este mundo, para presentarlos al Padre en vuestra oración. Sin clamor, sed atentas y cariñosas unas con otras, y sean modelos de cuidado para todos, donde la necesidad lo requiera y las circunstancias lo permitan. En una sociedad tan centrada en lo externo, donde, para encontrar un escenario y aplausos, a veces no se duda en violar el respeto a las personas y a sus sentimientos, que vuestro ejemplo de amor silencioso y oculto sea una ayuda para redescubrir el valor de la caridad cotidiana y discreta, centrada en la esencia del amor mutuo y libre de la esclavitud de las apariencias” (7).

 

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1. Cfr. Papa Francisco, Constitución apostólica Vultum Dei quaerere, 6
2. Papa Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 281
3. Juan de la Cruz, Dichos de luz y de amor 71
4. Teresa de Jesús, Carta a la Madre Ana de Jesús, 30.05.1582
5. Teresa de Jesús, Camino de perfección 13,3
6. Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor 107
7. Papa León XIV, Discurso a los participantes en la asamblea de la Federación de monasterios agustinos de Italia, 13.11.2025

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